Existen por lo menos siete versiones sobre el origen de la palabra Tepito. Mi favorita es la de Cecilio Robelo por simple. El autor de Diccionario de Aztequismos (1904) considera que el vocablo deriva de tepiton, que en nahuatl quiere decir "pequeño". Sin embargo "pequeño" no es un adjetivo que describa con justicia el espíritu tepiteño. Para darse cuenta, y de paso olvidarse un poco de la leyenda negra en torno al barrio bravo más famoso de la Ciudad de México, se hace necesario visitar el altar de la Santa Muerte en la calle Alfarería, probar los tacos de Ramiro o hablar con la campeona nacional de albures. Sirva esta invitación para que tanto el turista como el local se animen a palpar el Tepito de verdad.
En la Morelos, que en los años ochenta del siglo XIX se bautizó como colonia de la Bolsa, "uno pone a prueba a su ángel de la guarda", acostumbra decir Alfonso Hernández, "hojalatero social" y cronista del barrio. Esto no significa que se tenga que llegar con miedo. "En Tepito sólo se paga caro el impuesto a la ingenuidad", escuché decir a Alfonso el otro día mientras saboreábamos cabrito al horno en El Correo Español (Peralvillo 30), un sitio conveniente para empezar a reconocer la zona. Recomiendo entrar por la esquina de Paseo de la Reforma y Constancia. Una vez en Av. Peralvillo se andan algunos metros hacia el Poniente. En el camino el paseante se encontrará con el taller automotriz de Salvador Gallardo, en Peralvillo 60. Este señor crea piezas de "arte utilitario", como salas, comedores, sillas y cabeceras a partir de crucetas, puntos de soldadura, rines, frenos y otras refacciones de automóviles. Vale la pena charlar con él.
Casi enfrente, en Peralvillo 55, se encuentra la Galería José María Velasco, con 61 años de vida. Aquí se exhibe arte contemporáneo, además de que se imparten cursos y talleres, como el de albures que da Lourdes Ruiz, campeona nacional de albures. Ella tiene un puesto en la esquina de Aztecas y Fray Bartolomé de las Casas. Sugiero saludarla y luego caminar a La Conchita Tequipeuhcan, un templo sencillo en la esquina de Tenochtitlan y Constancia en donde una placa conmemora la consigna de Cuauhtémoc a manos de los conquistadores el 13 de agosto de 1521. Esto explica lo de Tequipeuhcan: "Lugar donde empezó la esclavitud".
Aparte del Correo Español es una buena idea comer en La Güera, el comedor que desde 1965 ocupa el local de Toltecas 12. Lo distinguen las migas, un platillo caldoso, con hueso de pierna de cerdo, chile, epazote y pan. También son aconsejables los celebradísimos tacos de tripa de Ramiro en Aztecas 54, especialmente los "de puntita". Para acceder a otras delicias, ya sean gastronómicas o no, hay que contactar a Alfonso Hernández ([email protected]) e inscribirse en uno de sus paseos, los cuales toman en cuenta el altar de la Santa Muerte que cuida Enriqueta Romero en Alfarería 12, la Casa Blanca y otros emblemas de este barrio bravo del que por el momento sólo queda decir: ¡bravo!