Me imagino que cuando los fantasmas de los viejos cronistas cruzan Madero a la altura de Bolívar, además de congratularse por el buen estado del Edificio San Carlos y lamentar la mala facha de la Casa Borda, se quedan con la impresión de que el establecimiento de hamburguesas en la esquina es uno de los mejores restaurantes del Centro Histórico. A lo mejor creen que tantas personas formadas no pueden estar equivocadas. Mi intención a continuación es desengañarlos, a la vez que comparto recomendaciones útiles para quienes se enfrentan al apetecible dilema de dónde comer en el primer cuadro de la Ciudad de México. Por fortuna existen muchas alternativas más allá de la comida rápida, que también puede ser rica, cómo no.
Justamente enfrente del Edificio San Carlos, en Bolívar 24, se encuentra la celebradísima cantina Salón Corona. Se han abierto sucursales, pero este local de 1928 es el bueno para pedir un tarro de cerveza y una torta de pavo o de romeritos, de preferencia en la barra, cerca de las fotos en la pared. Sin embargo las tortas más famosas del Centro no son las que preparan aquí, sino las de la Tortería Armando, en Humboldt y Colón, a la que Artemio de Valle Arizpe dedica un par de páginas en Calle vieja y calle nueva (1949). Los propietarios aseguran que aquí Armando Martínez inventó la torta en 1892. Se hace necesario ir a probar la torta "original", la de milanesa, mientras se lee al señor Artemio, uno de los grandes cronistas por desempolvar.
Una mención especial merece el restaurante Círculo Vasco Español, en 16 de Septiembre 51, heredero del Sylvain de finales del XIX. Hace tiempo que el lugar perdió su elegancia, pero también sus precios elevados. El bufet de pescados y mariscos que sirven de sábado a lunes no es costoso, tampoco el menú que dan el resto de la semana. Otro lugar bonito para comer mariscos es el Danubio, en República de Uruguay 3. Los meseros esmerados y el buen ánimo de los comensales, mayormente familias o miembros de la clase política, hacen más disfrutables la sopa verde de mariscos, el cangrejo y los langostinos. En el Danubio todavía utilizan una estufa de 1936, año de su apertura. Una opción más económica fue fundada un año después en el edificio de junto. Se llama Casa Rosalía y su eslogan es: "La casa de la paella en México". Ofrece una vista formidable hacia el Eje Central.
Asimismo recomiendo visitar el mesón del Casino Español, en la planta baja de Isabel la Católica 31, y la Hostería Santo Domingo, en Belisario Domínguez 71. Mientras el primero alegra el espíritu con su ambiente de cantina española, el segundo es el restaurante más longevo de México, de 1860. En la Hostería tienen chiles en nogada todo el año, se dice que los mejores en la ciudad. También vale la pena ordenar la sopa de frijol y la pechuga ranchera.
Por último quiero hablar de La Corte, donde me gusta comer los lunes. Está en República de Uruguay 115, frente al robusto Edificio Cocordan y a dos patadas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación –de ahí su nombre. Abren de lunes a sábado desde hace más de 50 años. Los meseros saludan de mano o beso a varios clientes que ahora son amigos, quienes se sacan conversación en la barra, sonríen efusivos y dejan buenas propinas a cambio de dejarse consentir. Aconsejo preguntar por el roast beef a la Coca-Cola o sacarle provecho a la enorme variedad de enchiladas. Las porciones son generosas. ¡Lo que darían los viejos cronistas por haber conocido este sitio! ¿Y si los llevamos bajo el brazo?