El cronista Luis González Obregón escribió en su fabuloso libro México viejo que el primer mesón de la ciudad fue abierto "en la calle de Balvanera o en la de Mesones" en 1525. Esto significa que la Ciudad de México tiene la tradición hotelera más longeva en el continente. A lo mejor por eso existen tantos lugares para elegir. Que el primerizo no se espante ante el montón de opciones. Yo le recomiendo que vaya directo al clásico Hotel Gillow (Isabel la Católica esq. 5 de Mayo, Centro), que durante la época colonial hospedaba a los jesuitas que visitaban el vecino templo de La Profesa. Evidentemente todavía no se llamaba así ni contaba con la fachada art deco que hoy lo caracteriza. Además de que las tarifas son justas y de que queda a dos patadas del Zócalo, en el Gillow preparan un buen club sandwich, aunque ciertamente no tan memorable como el que hacen en el Hotel Geneve (Londres 130, Juárez), en donde se sirvió el primer sandwich de la ciudad en 1910. El Geneve también fue el primero en recibir a mujeres que viajaban solas y en instalar teléfono en las habitaciones. Se trata de un hotel efectivo para quienes buscan una experiencia elegante afuera del Centro. No hay que dejar de visitar el bar, uno de los más sexy de esta capital, y dejarse sorprender por su entretenida colección de teléfonos.
Por otra parte están los lugares que privilegian el diseño o que brindan un servicio más allá de sólo pasar la noche. Es el caso de El Patio 77 (García Icazbalceta esq. Manuel María Contreras, San Rafael), un bed & breakfast original y entrañable a una cuadra de Ribera de San Cosme, la calle más antigua de América, la cual desemboca en el Zócalo si se le recorre de Poniente a Oriente, pasando por las colonias San Rafael, Santa María la Ribera, Tabacalera y Guerrero, las primeras de la ciudad. Otra alternativa original de alojamiento es el hostal que fue inaugurado hace pocas semanas en la parte trasera del hotel Downtown (Isabel la Católica 30, Centro). No cuesta mucho, y su diseño es interesante, además de que el edificio histórico alberga restaurantes, bares y tiendas valiosos. Un hostal igualmente sobresaliente es La Buena Vida (Mazatlán 190, Condesa), autodenominado boutique, con baño y regadera en cada cuarto.
Por supuesto también están los hoteles de toda la vida, como el Camino Real (Mariano Escobedo 700, Anzures), diseñado por el arquitecto Ricardo Legorreta en 1968, o los de lujo en Paseo de la Reforma, por ejemplo Four Seasons, Nikko, W, St. Regis y Presidente Intercontinental –este acaba de abrir uno en Santa Fe–, o la casa de los parientes que viven en la Ciudad de México, o el cada vez más famoso couchsurfing, o el City Express que queda cerca para un coyotito y bañarse, o celebrar toda la noche en la renovada Plaza Garibaldi, o hacer tiempo en la tradicional churrería El Moro (Eje Central 42, Centro), en donde en lugar de check-out se impone el tráigame otro chocolatito, un vasito de agua, dónde queda el baño, ya salió el Sol, aquí le dejo su propina.