Un atisbo a la identidad de Iztapalapa

La visita al recién inaugurado Museo de Cultura Popular Pasión por Iztapalapa dejó saber que la identidad de esos capitalinos del oriente de la ciudad, va más allá de la representación de un vía crucis en Semana Santa.

Lo de ayer fue como atisbar la autenticidad de esos 16 pueblos que hoy dan vida a Iztapalapa: la arquitectura recuperada de un inmueble que antes fue almacén, ahora alberga la historia antigua y reciente; un presente de contrastes y la expresión artística y multicultural de sus habitantes.

Así, en un recorrido ascendente por tres niveles, hay que mirar arriba y abajo; al frente y a ambos lados para no perder detalle de fotografías, videos, pinturas, textos, representaciones en tercera dimensión e imágenes fijas que, sin embargo, interactúan con el entorno.

Dispuestas en salas y en muros, las imágenes, por ejemplo, relatan que Iztapalapa antes fue rural, tenía ríos y sus habitantes de principios del siglo XX los transitaban en canoas y trajineras e incluso tenían chinampas, con una importante producción agrícola.

Textos y reproducciones de códices prehispánicos, por su parte, cuentan también de la cultura que desarrollaron los primeros pobladores y que el Cerro de la Estrella, además de monte Calvario, también es importante porque allí se lleva a cabo la ancestral ceremonia del Fuego Nuevo.

Si algo tiene el Museo de Cultura Popular Pasión por Iztapalapa es que está lleno de honestidad: nada de lo que allí ha sucedido se oculta o minimiza; igual se exhibe la modernidad que el descontrol del crecimiento demográfico, con sus secuelas de delincuencia pero sobre todo, de luchas sociales.

Así, por ejemplo, el lugar deja saber que la demarcación perdió casi toda su vocación rural y campesina para transformarse en urbana, industrial y de servicios; que en Iztapalapa son comunes las concentraciones humanas de miles, decenas y hasta de cientos de miles.

Que así, en un primer momento de la transición rural a urbana, se desató una fuerte lucha por la posesión de la tierra para convertirla de productiva en habitacional y cómo ésta luego derivó en confrontaciones con la fuerza pública.

Están también las historias de la organización popular en demanda de servicios urbanos, en especial, de agua, un problema de décadas, sin solución de fondo y heredado de generación en generación.

Y se muestran también expresiones plásticas de pintura, escultura, de las denominadas instalaciones artísticas, así como de audio y video, acerca de la cotidianidad y las aspiraciones del pueblo iztapalapense.

Pero fue apenas un atisbo y, con todo, una experiencia llena de interés.